• Margarita Ortega

¡ADIÓS PLÁSTICO, ADIÓS!




Para finales de 2014 la Unión Europea dio un giro trascendental y la verdad esperábamos, bueno yo esperaba, que el resto del mundo se uniera a la mayor brevedad. ¿La novedad? Una legislación que acabaría con el despilfarro del uso de bolsas plásticas y de paso con todo el plástico de un solo uso, elementos que en su momento llegaron a significar el avance de nuestra sociedad moderna y el incalculable ¨desarrollo¨ evolutivo de la ciencia, pilar de la era industrial y de consumo, bla, bla, bla, y que hoy debido al esfuerzo, desgaste, sacrificio, explotación criminal y daño que supone y genera su producción y descarte deberían estar relegados a objetos del pasado a los que hay que reemplazar, evitar y eliminar, desde su producción, de la faz de la tierra.


El tema fue abordado de la siguiente manera: El europeo promedio consume unas 198 bolsas de plástico de un grosor menor de 50 micras, estas son las que apenas se reutilizan y que tienen un devastador impacto ambiental, la UE acordó que el europeo promedio debe reducir esa cifra de 198 bolsas a 90 en 2020 y a tan solo 40 en 2026, todavía no hay una medición sobre la meta esperada para este año sobre el resultado en el consumo y en el impacto. Para llevar a cabo esta reducción se implementaron estrategias pedagógicas y también un costo extra lo que significa que el consumidor está pagando un excedente en su compra si se decide por el uso de bolsas plásticas. Algo similar ocurre en Colombia con el impuesto nacional al consumo de bolsas plásticas que se creó con la ley 1819 de 2016, con el fin de desincentivar el uso de estos artículos en procura de la protección de los recursos naturales. Según cifras del ministerio de ambiente para agosto de 2018 se había reducido en un 30% el consumo de bolsas plásticas en los puntos de pago de los almacenes de grandes superficies, farmacias y supermercados. Esta cifra se agradece dado que la expectativa nacional era del 10% para el año 2017, sin embargo, es mucho lo que nos hace falta por hacer en cuanto a conciencia y reducción pero este sería un análisis para otro artículo.


Estamos en el segundo semestre 2020 con pandemia encima, con crisis ambiental declarada por casi todos los sectores que en el mundo miden el impacto del ser humano en La Tierra y aún con todo esto parece increíble que solo una pequeña parte del mundo fije su mirada sobre objetivos concretos que le atañen debido a los costos inherentes y al daño ecológico del hogar que habitamos. El uso desmedido de bolsas plásticas y de los productos plásticos, en particular los de un solo uso, que contaminan todo a su paso y que aún nos parecen indispensables, cuando solo hasta hace poco más de un siglo ni se pensaba en ellos, nos está matando.

¿Suena exagerado? Tal vez, pero no por ello deja de ser real. Nos ahogamos en plástico, es una verdad innegable. Hemos evolucionado, sobrevivido, vivido y ¨reinado¨, muy entre comillas, sin plástico durante toda nuestra existencia y es ahora cuando esa supervivencia está a punto de colapsar gracias al mal uso de un artilugio del que resulta casi imposible deshacernos. La comodidad de nuestro sistema de consumo va a lograr que en menos tiempo de lo esperado estemos viviendo una sociedad distópica en las cavernas y no a través de estrategias moderadas hacia un regreso al origen bucólico, ideal y natural como el que nos vende la publicidad ¡No! será un retroceso burlón por lo que podríamos lamentar dramática y letalmente el hecho de no tomar medidas ahora. El mundo ha seguido el ejemplo de Europa, en cierta medida, la verdad en pequeña escala, pero dentro de una política pública que adolece de una labor pedagógica estatal que nos permita entender que no es el costo mínimo de la bolsa lo que al final nos estorba, sino el deterioro del único hogar que tenemos, nuestro planeta azul, los avances van a seguir siendo casi ridículos frente a las cifras de contaminación por cuenta del uso del plástico.


Veo personas en la fila del supermercado que llevan sus bolsas reciclables y sin embargo la mayor parte de la población sigue pagando un pequeño coste por la bolsa o los implementos plásticos de un solo uso sin que le duela el corazón por el daño incalculable que esto verdaderamente genera. Su persistente permanencia, durante décadas, en bosques, selvas, mares y ríos causa un detrimento irreparable y este es, sin dudarlo, el mejor momento para tomar una decisión sobre el accionar práctico en la vida diaria. Basta con dejar de lado de lado ese muro invisible sobre el que damos por sentado que otros se encargarán y que lo que se hace de manera individual es tan poco que ni siquiera vale la pena molestarse e intentarlo. Es un error. El trabajo individual bajo la conciencia grupal crea un efecto masivo. Lo que hagas en la intimidad de tu vida diaria se refleja en tu entorno. Este es el momento para dejar de pensar como individuos y comenzar a pensar como un verdadero colectivo. Este es el momento en el que aún podemos tomar decisiones. Las regulaciones no pueden venir solamente del estado y la acción se emprende y se enseña en casa. Debemos ser conciencia comunitaria a la hora de pensar en el futuro que no es otro que el de nuestro planeta o ¿A donde piensas irte a vivir? Te dejo un par de preguntas sueltas: ¿Sabes a donde va a parar ese plato de plástico que utilizaste el domingo cuando no quisiste lavar la loza? ¿O tu cepillo de dientes, el pitillo de tu refresco, el envase de tu desodorante, tus sandalias playeras o el empaque de tu six pack de cerveza? Sinceramente, si el plástico es tan duradero… ¿Por qué es tan barato? Hace un siglo la durabilidad significaba confianza y ese era el valor agregado. Con el plástico no existe lo uno ni lo otro, solo producción y consumo. Escojamos materiales nobles, usemos lo necesario, seamos más conscientes y menos compulsivos.

Con amor,

Margarita O.



  • Para descubrir acciones reales que puedes seguir para ser parte del cambio te invito a escuchar mi podcast ¨Marte está lejos¨ Lo encuentras en Spotify y en mi canal de Youtube: Margarita Ortega Oficial.

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