• Margarita Ortega

¡Cocinando nuestra belleza!


Si la belleza fuera sólo cosmética estaríamos en la olla. Para alegría de todos, la belleza es en esencia un estado ideal de salud que siguiendo parámetros naturales de vida se encuentra, paradójicamente, en la olla es decir en la cocina, lugar que hemos olvidado a fuerza de escuchar discursos necesariamente libertarios que hoy, mal interpretados, nos encadenan a otros amos y que han borrado de nuestro panorama la más básica y sencilla premisa: salud equivale a belleza.


Sin salud no hay calidad de vida y todo se marchita, literalmente. ¿Recuerdas cuando colocaste rubor en tus mejillas por primera vez? Seguramente sí y es posible que todavía tengas presente el vínculo existente entre tus rosadas mejillas infantiles y los mensajes de salud y belleza que los adultos a tu alrededor expresaban y te hacían saber al verlas tan llenas de vida, tan rozagantes. Tras ese primer empujón de belleza y salud encontraste el maquillaje y con él la posibilidad de permanecer y pertenecer de manera triunfal dentro, muy dentro de esos delgados e invisibles códigos de comunicación humana que nos acercan. Todas nos ponemos ese color rosa en el rostro para vernos mejor y sabemos que nos da luz y reconocemos, inconscientemente, como saludables tanto así, que probablemente en algún momento has dicho algo como: ¡Que palidez, parezco enferma! ¿Verdad, qué sí?


Para este punto te estarás preguntando ¿Cuál es la relación que existe entre todo esto? Pues bien, retomando el tema de la cocina es urgente recordar que verdaderamente somos lo que comemos y que, aunque ya hayamos escuchado esta frase otras veces, tal vez miles de veces, es necesario que por primera vez le demos conscientemente un valor real, la entendamos y la apliquemos.

Somos lo que comemos y la olla debe ponerse a cocinar en bajo para preparar con calma, literalmente, lo mejor para nuestro cuerpo, es decir, la comida real. Hasta aquí llevamos varias ideas que resumo así: Lo que comemos nos debe dar salud y, en consecuencia, nos dará belleza. Ahora bien, lo que comemos no siempre entra por la boca. Obviamente lo que consumes para tu cuerpo debe ser fresco, entero, nutritivo, excelso, de preferencia debes conocer su origen, pero no olvides que para encontrar y permanecer en el camino de la belleza también hay que tener presente lo que le das a tu mente y lo que le das a tu espíritu.

Ese alimento, también, debe cocinarse a fuego lento y ha de considerarse igualmente importante porque sin la salud del alma y de la mente no hay salud física y por tanto no habrá maquillaje sobre la faz de la tierra que pueda hacerte ver vital y rozagante. Llego pues a la tercera frase de sabiduría popular que traigo a colación en este escrito: El cuerpo como estuche de viaje es el reflejo de nuestro estado interior. Sencillo ¿No? Si comes bien, estarás bien, si piensas bien, estarás bien, si alimentas bien tu espíritu estarás bien, en resumen, si le das alimento de calidad a tu vida, lograrás encontrar tu propia belleza. Somos un todo que requiere de nuestro cuidado consciente, por eso regresa a la cocina de tu casa, a la de tu mente y a la de tu alma y prepárate para ser felizmente bella.



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Actriz y presentadora. Sigue su blog y podcast sobre alimentación consciente, recetas y medio ambiente. 

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